sábado, 20 de noviembre de 2010

Mitos andinos: el origen del Sol y la Luna. “Wakón” y la historia trágica de los mellizos o “willkas”, hijos del dios Pachacamac y la diosa Pachamama.

Los Dioses del Orígen

Por: Ronald Portocarrero

Los mitos prehispánicos de los orígenes de la civilización tienen una rara belleza que atrae porque en alguna medida son historias que transitan por los caminos del sincretismo religioso, que superponen los antiguos dioses con las divinidades del cristianismo colonial.

Pero uno de los mitos explican la confusión y las dificultades que pasaron los antiguos dioses, antes incluso de crear el universo, la luz, los alimentos y los seres humanos. Eran los dioses andinos, que como los dioses del olimpo griego, cruzaban sus caminos con otros dioses poderosos y transformadores y sus acciones afectaban a los humanos.

En los años 80, Pablo Guevara, el poeta y cineasta fallecido hace un poco más de un año, acometió la tarea de llevar al cine algunos de los mitos que forman parte de las investigaciones de José María Arguedas en “Dioses y hombres de Huarochirí”. Realizó “Cuniraya” y “Wakón, el señor de la noche”, cortometrajes producidos por la Universidad Católica.

En el caso de “Wakón”, reconstruye la historia trágica de los mellizos – hombre y mujer – llamados “willkas”, hijos del dios del cielo Pachacamac y de la diosa de la tierra, Pachamama.

Pachacamac, murió ahogado en el mar de Lurín y se convirtió en la isla grande que se encuentra al frente de la actual localidad y de los antiguos templos prehispánicos de Pachacamac, dejando desconsolada a la viuda y a sus gemelos. Era la noche interminable en la que sólo el fuego servía de guía en medio de la oscuridad. Viaja hacia el centro, hacia las altas cumbres rocosas de los Andes en las que acechaban monstruos sanguinarios con apariencia de hombres.

Los willkas no sabían de la muerte de su padre y una pequeña luz al fondo de una cueva los atrajo, suponiendo que allí se encontraría el padre: era la caverna de Wakonpahuin, la viviendoa de un hombre semi desnudo que se llamaba Wakón. Hizo pasar a la viuda y sus hijos mientras cocinaba papas en una olla de piedra. Con engaños envió a los wilkas a traer agua de un pukio mientras que el hombre de la noche quiso seducir a la Pachamama y no pudiendo hacerlo, la devoró pues este hombre era antropófago. Al volver, los willkas no encontraron a su madre y quedaron en poder del señor de la noche.

Pero fueron ayudados por un ave, el huaychau y luego por la madre de los zorrillos, la vieja Añas, quien los adoptó como si fueran sus nietos.

Wakón salió en persecución de los gemelos y les preguntó al puma, al condor y a la serpiente (amaru) si los habían visto, pero los animales lo mandaron al desvío. La vieja Añas preparó una trampa para Wakón sobre una montaña elevada, diciéndole que allí los encontraría, pero el monstruo cayó en la trampa y el antropófago Wakón murió despeñado.

Luego de los aprendizajes necesarios, un día una soga (huáscar) cayó desde el cielo y Añas le dijo que subieran por ella hacia el cielo donde su padre Pachacamac los esperaba. El dios transformó al wilka varón en el sol y a la willka hembra fue la luna. La Pachamama se convirtió en una montaña con nieves perpetuas a la que los hombres llaman hasta ahora, la Viuda.

Desde entonces, la Viuda fecunda los campos con sus aguas para que hombres y animales encontraran su sustento. También premió al puma, como señor de las quebradas, al cóndor como dueño de los aires y al amaru le dio su ponzoña para defenderse de sus enemigos. Y así los wilkas transformados vencieron para siempre a la noche eterna, al señor de las oscuridades, el temible Wakón.

Fuente: Diario La Primera (Perú). 20 de noviembre del 2010.

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